Los nombres, las etiquetas, son
estupideces necesarias en el mundo en el que vivimos.
¿Cómo explicar sentimientos con
palabras?
¿Cómo contar lo bien que se está en
una bañera de agua caliente usando hielos?
¿Cómo deslizar el hecho de que los
hechos se nos echan encima?
¿Cómo decir que no es lo mismo ocho
que ochenta contigo?
¿Cómo sacar del diccionario todo lo
que necesito expresar?
¿Cómo quedarme de brazos cruzados
sin encontrar un cruce que me satisfaga?
¿Cómo no buscar mas colores en un
cielo que solo debería ser azul?
¿Cómo dejar de pensar que lo mas
maravilloso es lo que no sirve para nada?
¿Cómo contar que toda flor quiere ser
fruta?
¿Cómo justificar el haberte
encontrado en el momento perfecto?
¿Cómo gritar que quiero que querer
sea un deber?
¿Cómo desmentir que has aumentado mis
números rojos con tu ropa interior?
¿Cómo vivir en Jauja sin haber creído
nunca en ella?
¿Cómo relatar que cada vez que pongo
la mano en el fuego acabo desnudándote?
La impotencia de las limitaciones del
lenguaje hace que demostrarlo
sea la manera del cómo, y
motivo del por qué.

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